Neofobia, resistencia de los niños a algunos alimentos

Neofobia, ese es el nombre que los especialistas le han dado a la cara que ponen los niños de “no me gusta” cuando les dan de comer verduras o frutas.
Lograr vencer la resistencia que muchos niños presentan ante las frutas y las verduras requiere de paciencia, ingenio, perseverancia pero, por sobre todo, convicción en la importancia de adoptar desde la infancia una alimentación saludable.

“El bajo consumo de frutas y verduras en los niños es un problema que vemos habitualmente en la consulta de tod el mundo“, dijo la licenciada en Nutrición Beatriz Grippo.

Neofobia, ése es el nombre que los nutriólogos le han puesto a la cara de “no me gusta” que ponen los bebes ante un alimento desconocido. Y, vale la pena tenerlo siempre presente, es una reacción universal que nada tiene que ver con las virtudes culinarias de cada madre o padre. “Es un mecanismo natural ante cada nuevo alimento, que hay que vencer insistiendo, pero sin forzarlo al niño a comer”, aconsejó Pueyrredón. Hay estudios que sugieren que hay que insistir en un mismo alimento 15 veces antes de desistir.

Quizá lo peor de la neofobia es que, una vez superada, a veces vuelve. “A partir de los 2 o 3 años, es común que un niño empiece a rechazar un alimento que le gustaba. Esto tiene que ver con un momento en que el niño comienza a formar su carácter y lo demuestra a través de la comida. Hay que tomárselo con paciencia”.

Evitar la monotonía: no ofrecer al niño siempre las mismas frutas y verduras, y tratar de variar incluso su preparación. “No hay que aburrirlo, ya que la monotonía puede hacer que pierda la preferencia que habíamos logrado que tenga por cierto alimento”.

No complicarse: las comidas que requieren mucha elaboración pueden volverse en contra. “Hay que preferir preparaciones sencillas que se pueden reproducir en lo cotidiano, ya que hoy los padres no tienen mucho tiempo para cocinar”.

Cocinar con los chicos: hacerlos partícipes de la preparación de comidas con frutas y verduras es un buen incentivo. “Cuando los chicos ayudan en la cocina, siempre prueban la comida, y que prueben un alimento que no conocen es un punto a favor”.

No disfrazar las verduras: procesarlas para disimularlas en las comidas puede aumentar su consumo, pero no hará que los pequeños las consideren como una posibilidad. “El disfraz no permite que el niño conozca las verduras, sus sabores y sus texturas”.