Cómo reconocer a chicos con altas capacidades

En Argentina existen cuatro escuelas en Capital, Pilar, Salta y Mendoza; Jujuy es la única provincia donde el Estado capacita a los colegios comunes para integrar a estos alumnos.

Cualquier niño de estas características tiene un coeficiente intelectual igual o superior a 130, cuando la media es de entre 90 y 110. Lo tienen sólo un 2% de los chicos pero, al ser etiquetados como problemáticos o de bajo rendimiento, no son fácilmente identificables.

“Nacieron con un don que los condena a la incomprensión. Como pueden cuestionar los fundamentos de cualquier ciencia, desafían el saber del docente. Pueden entregar una prueba en blanco porque sus cabezas van más rápido que sus manos. Como se aburren, empiezan a tener serios problemas de conducta y muchas veces se los medica creyendo que son hiperactivos o tienen déficit de atención”, explicó Andrea Vázquez, fundadora de la Sociedad Argentina de Padres y Educadores de Niños Superdotados (Sapyens).

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Héctor Roldán es miembro de Mensa, una sociedad internacional a la que sólo pueden pertenecer quienes tienen, como mínimo, 148 de coeficiente. Aquí preside la ONG Creaidea, y apunta a la falta de capacitación de los docentes para reconocer las múltiples inteligencias de estos alumnos: “Los obligan a repetir tareas que ya dominan; pueden ser agredidos por sus compañeros que no los dejan pertenecer al grupo. La angustia los lleva a ocultar sus dones, terminan simulando no entender y pueden ser confundidos con niños con deficiencias intelectuales”.

La superdotación se transmite genéticamente por línea materna, aunque necesita de un ambiente propicio para desarrollarse. Así, aunque se sometiera a un chico a rigurosas jornadas de estudio, no se podría “fabricar” un superdotado. Hay varios test para medir esta capacidad, y tienen que ser supervisados por especialistas. Las asociaciones los toman, y también hay otras que brindan apoyo a padres y docentes.

“Son chicos que desarrollan un pensamiento abstracto y una capacidad de análisis que resulta incompatible con su desarrollo emocional: el mismo nene de 5 años que se angustia porque un gobernante no cumple con sus funciones, tiene miedo a los monstruos a la noche”, señaló Vazquez. Gabriel Vulej, presidente de Mensa Argentina, se siente identificado: “Yo tenía 10 años y no podía entender cómo la gente seguía teniendo hijos cuando las guerras amenazaban con acabar con el mundo. No lo podía razonar como un adulto y me sentía devastado”.

En Argentina existen cuatro escuelas para superdotados: en Capital, Pilar, Salta y Mendoza. Y Jujuy es la única provincia donde el Estado capacita a las escuelas comunes para integrar a estos alumnos. “Un niño con altas capacidades tiene una vida tan dura como la de un discapacitado. Requiere un proyecto de educación personalizado que estimule su razón y que no lo obligue a nivelarse para abajo”, expresó Vázquez.